- Dimito.
- ¿Cómo?
-Dimito. He fracasado. Nuria Espert era mi última baza, la opción infalible para vencer la resistencia de Trozo y de Morsa y míralos. Están felices.
-Vaya.
-Dos veces les puse “La tormenta de hielo” y me pidieron una tercera.
-Sapristi.
-Comencé a recitarles versos infantiles de Gloria Fuertes y al decir -Doña Pitu Piturra tiene unos guantes- me respondieron gritando -Doña Pitu Piturra muy elegantes.
-Córcholis.
-Toda la discografía de Bruce Springsteen les he puesto.
-Arrea.
-Y la de Neil Young y la de Rosendo.
-Acabáramos.
-Y la de Joaquín Sabina y la de Manolo García.
-No me digas.
- ¡Si hasta distinguen una canción de Manolo García de otra!
-Atiza.
-Y no sólo resistieron cantando y haciendo los coros en todas las canciones. Hice sonar “L’estaca” de Lluis Llach y la escucharon moviéndose al unísono y, al final, pidieron altra, altra.
-Dios santo.
-He agotado todos mis recursos. He fracasado como torturador. He visto a millares de personas retorcerse, confesar, suplicar, arrastrarse, perder el orgullo, la dignidad con mis prácticas. Y con ellos no he podido. Abandono. Dimito. Me retiro.
-Tendremos que informar de todo esto al Tontolhaba.
- ¿Cómo?
-Que tendremos que dar parte como corresponde a la mente preclara que nos dirige y gobierna.
-Esto será mi fin.
-Lo será.
Palacio Presidencial. Zepporro Máximo, vestido con un chándal morado de felpa y zapatos de rejilla, se arranca los pelos de la nariz delante de un espejo. Entra el Gran Chambelán.
-¿Da su vuecencia ilustrísima retórica su permiso?
-Siempre tan impertinente, cretino. ¿Por qué violentas mi toilette? Espero sea algo importante.
-Manolo y Ramón solicitan audiencia, oh recién proclamado orinonauta del año, que nunca un premio fue más justo.
-Justísimo, porque jamás hubo un orinonauta más grácil ni pertinaz, que mínimo son ya tres veces por noche. De hecho, mira, a partir de ahora ya no se llamará Club Náutico sino Club Orinonáutico. Qué ideas más brillantes se me ocurren.
-Brillantísimas siempre, era de latón, de latón, de latón era. ¿Y respecto a la audiencia de Manolo y Ramón, era de latón el cacharro de mi abuela?
-Aburrido. Que pasen.
Se retira el Gran Chambelán. Se cruza con Manolo y Ramón, vestidos con un jersey rojo. Se saludan llevando el dedo índice a la sien y girándolo. Sin duda hacen referencia a Zepporro Máximo que, tumbado en una chaise longue, levanta su pierna derecha no más de veinte grados.
-Siempre tan flexible, el trigo entre todas las flores ha elegido a la amapola.
-No pierdo flexibilidad con los años. Ni elegancia. Ni sabiduría. Ni clarividencia. Decidme, pelagatos.
-No traemos buenas noticias, al pan pan, y al vino vino.
-Quedáis destituidos de facto como Ministros de Buenas Noticias. Que os corten los tendones.
-El Gran Maese Torturador ha fracasado con Trozo y con Morsa, por el puente de Aranda se tiró se tiró.
-¿Fracasado?
-No les ha arrancado ninguna confesión. No ha conseguido que se retracten de nada. Ni que se adhieran a la única causa verdadera, eres como una espinita que se me ha clavado en el corazón.
-Que le corten los tendones también.
-Ha dimitido de su cargo.
-¿Ya no se os ocurren más canciones ni halagos? Esa Lolita y su forma de bailar que tanto os fascina os ha secado las meninges.
-Ha dimitido de su cargo, voy a apagar la luz para pensar en ti.
-Que suelten a Trozo y a Morsa.
-¿Cómo, Levante Las Palmas X?
-¿Cuestionáis mis decisiones, paletos, cretinos, mendrugos?
-Nunca pierde la capacidad de sorprendernos, el 112 es el número de emergencias.
-Que los suelten. Que vuelvan al lado de Tomoya el Enajenado. He meditado profundamente, porque yo soy así, profundo, y he pensado que son mejores enemigos que aliados. En nuestro bando serían una carga. Enfrente, terminarán socavando la moral de los piojosos. Son agentes infiltrados, aunque ellos no lo saben. Y ahora, que volverán como héroes, su daño será aún mayor.
-Qué gran lección de estrategia acabamos de recibir, tendido prono y tendido supino.
-Un minuto mío equivale a un millón de años vuestro. Salid de aquí corriendo. Mi paciencia se agota.
Salen. Zepporro Máximo vuelve al espejo. Comienza a arrancarse los pelos de las orejas.

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